29 mayo 2010

Ojo vago

Antes de que mi alter ego me absorbiera tantas horas que uno ya no sabe cuándo es uno y cuándo es otro. Antes de que Marcos se diese por vencido y dejara de entrar "de vez en cuando en el koala". Antes de que las entradas en este blog fueran una reliquia anual. Mucho antes de todo eso, Madrid me sorprendía.

Me sorprendía en la Puerta del Sol, en la calle Alcalá, en el Bernabéu... pero también en el autobús, en el metro, en el camino de vuelta de la Facultad. Suele pasar, por lo que tengo entendido, cuando llegas a una ciudad nueva. Tus ojos no asimilan todo lo que ocurre alrededor, todo es nuevo, todo llama tu atención, todo late como si hasta que tú llegaste no hubiese latido jamás.

Sin embargo, esa sensación de novedad se va perdiendo, porque no queda otro remedio, y tus ojos empiezan a obviar detalles. Asumen que la Puerta del Sol está ahí, que la Plaza Mayor es así. No dan importancia a ningún rincón salvo que se lo estén enseñando a alguien que lo ve por primera vez. En esos casos, durante un instante, miras a través de los suyos y hay un pálpito extraño, como el que tiene el niño el 6 de enero. Luego, todo vuelve a la normalidad.

¿Cuánto tarda en asimilarse una ciudad? En mi caso, tendría que decir siete años. Ayer, por primera vez, salí del metro después de media hora sin saber qué había ocurrido durante ese lapso de tiempo. Ni la lectura era apasionante ni el juego del teléfono móvil marcará un antes y un después en la industria, simplemente mis ojos asimilaron todo lo que ocurría alrededor, y esos detalles que antaño se rebelaban y permitían escribir un post, permanecieron agazapados, dormidos, secos.

Los ojos se han vuelto holgazanes y ya no hay quien les meta en el redil.

2 comentarios:

Marcos dijo...

deberías cambiar el encabezamiento por "anochece en el inframundo". Cabronazo... :)

Marcos dijo...

me encanta esto de la censura, cómo has aprendido de tus inicios profesionales como censor...